La sesión comenzó en medio de risas y chistes, lo que hizo que todo fluyera de manera natural y espontánea. Betty no solo tiene una presencia cautivadora frente a la cámara, sino que también poseía una inteligencia deslumbrante. Cada vez que conversábamos entre tomas, quedaba claro que estábamos ante una mujer de mente aguda y perspicaz.










La belleza de Betty no solo radica en su apariencia física, sino también en su capacidad para transmitir emociones y conectar con quienes la rodean. Cada imagen capturó su energía vibrante y su presencia magnética. Su espontaneidad y autenticidad se convirtieron en el alma de cada fotografía, mostrando una mujer segura de sí misma y en armonía con su entorno.
Fotos por Sergio Miranda Cubos
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